Epiphania 1

Epiphania 1

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Ya casi era de noche. El diminuto sol marciano estaba a punto de tocar el horizonte. Morsey Phills era ingeniero de segunda y estaba destinado en Marte. La Iniciativa llevaba ochenta años trabajando en un proyecto, que según los cálculos, tardaría unos quinientos en alcanzar su madurez. En el fondo le traía sin cuidado que terraformar Marte tuviera éxito. Él no estaría allí para verlo. De hecho, ni siquiera había elegido ese destino. Un remplazo de dos años. Pero como integrante de la Iniciativa, estaba obligado a cumplir rígidamente los mandatos de la Cúpula.

—Ingeniero Phills, aquí el Inspector Travis. Solicito informe de situación.

—Aquí Ingeniero Phills. Rotura de dos barrenas, dos horas de retraso.

—Debería estar terminado el trabajo hoy.

—Lo sé Señor, pero se supone que esto debería taladrarse con relativa facilidad. Los informes del equipo de geólogos marcaban conglomerados y lutitas. Y no sé qué diablos hay ahí abajo.

—Con el equipo suministrado no es excusa Señor Phills —Dijo el inspector en un tono más severo. —Los robots que pidió son de la última generación, dos de ellos traídos desde la Tierra.

—Insisto señor, estoy perforando algo metálico. Como si hubiera un meteorito enterrado. Las barrenas que hemos remplazado salen fundidas, con residuos de un metal que no se reconocer a simple vista. ¿Está seguro de que las prospecciones del equipo de geólogos son correctas?

—¡Yo no entiendo de eso! Se supone que el trabajo está bien hecho.

—Pues lamento decirle señor que si rompo una tercera barrena tendré que suspender la operación.

—¿¡Cómo…!?

—El protocolo de calidad, señor.

—¡Joder! ¿Qué demonios es eso?

—El protocolo ordena suspender toda operación en caso de desviaciones con los plazos proyectados. Se abrirá una investigación para determinar las causas.

—¡Ah, perfecto!. Digamos que se retrasará aún más todo. Tendré que comunicarlo a la Tierra.

—Yo sólo cumplo ordenes señor.

Morsey quería dejar los anclajes fijados antes de que terminara el día. Había roto las dos coronas del taladro, no era normal. Nada estaba siendo normal ese día. Desde que comenzó esa perforación, una sensación extraña se agitaba en su interior. Desde su puesto de control, observaba trabajar a los robots mientras se abrían paso taladrando la roca. Tenía un par de decenas de ellos a su cargo. Aparte de eso, nadie más allí. Nadie más en cientos de kilómetros. Su misión era instalar la estación de fusión que suministraría la energía a la nueva base Louros. Louros sería una gran base al borde de lo que comenzaba a ser un mar interior. El nivel de agua del planeta ya estaba en la cota de -100 metros, con respecto al nivel 0 fijado hace casi dos siglos. Se estimaba que con dos o tres cometas más, ya estaría lleno. Louros valles era uno de los Valles Marineris y era un lugar estratégico para lo que sería Marte en el futuro. Por el momento, aquí solo había tierra y roca gris y roja hasta aburrir, y unos incipientes océanos inertes. Nada que ver con la Tierra. El Ingeniero Phills pensaba en eso y en su asignación habitacional en la Iniciativa. La suerte que había tenido  al ser destinado en la misma Isla, en el mismo núcleo del proyecto. Pensaba en ese cielo tropical, un lugar privilegiado en una Tierra descompuesta, perdida…

Un chirrido fuerte seguido de un chasquido le despertó de su ensoñación.

“¡Joder! otra vez no, por favor.” Gritó Morsey lleno de rabia “Morsey, Morsey, en menudo lío te vas a meter”.

No quería creerlo pero sabía que había sucedido. La tercera barrera. La tercera rotura en un día; con conglomerados y lutitas. Se repetía mentalmente que eso era imposible, estadísticamente imposible. El equipo de geólogos estaba equivocado. Habría apostado su puesto. En fin. Debía iniciar el protocolo de calidad.

—No, no voy a iniciarlo, voy a ver yo mismo qué pasa —pensó en voz alta.

Hizo una breve llamada para solicitar permiso. Lo hacía varias veces al día. Se lo concederían… Puro trámite.

—Llamando a control Solis —Solis era la base central del distrito de Solis Planum.

—Aquí control Solis, qué necesita Señor Phills.

—Permiso para salir a inspeccionar.

—Concedido.

Morsey se pensó que ya habría tiempo luego de iniciar el protocolo. Sentía esto como algo personal. Y además, esa sensación… Se preguntaba qué diablos sería. Era como una voz, una voz que se fundía en su propio dialogo interior, sin poder discernir una de otra. Mezclándose, sintiéndolas como una a ratos y disociada un momento después.

Se dirigió a la esclusa y se puso el traje para salir a disfrutar de un paseo marciano. La perforación se estaba haciendo a unos 100 metros de la cabina de control. Iba caminando por un pedregal, el sol ya había tocado el horizonte. Pronto estaría oculto debajo. Aún así, quedaba bastante luz  para ver cómo los dos robots auxiliares manipulaban el taladro, sacando las secciones de la barrena y desmontando la corona. Llegó justo cuando salía la corona. Otra vez fundida, y ese metal extraño con un ligero brillo color cobre. Morsey se acercó a examinar la corona cuando un repentino temblor de tierra le tiró al suelo.

—Señor Phills, ¿me recibe? Señor Phills, ¡responda!

Morsey escuchaba a lo lejos el sonido de la alarma en la cabina. Y la radio solicitando estado de situación. Sintió como si hubiera perdido el conocimiento unos segundos. Contestó inmediatamente a la radio.

—Sí, aquí Morsey Phills.

—¿Qué sucede señor? Hemos detectado un seísmo y la alarma de su cabina.

—Ha temblado el suelo, he caído y he debido perder el conocimiento. Me siento confuso.

—Señor, regrese inmediatamente a la cabina, es lo más seguro. No sabemos si habrá replicas.

Al incorporarse, su mirada se dirigió al orificio por el cual ahora brotaba una tenue pero limpia luz blanca. La sensación que interfería su voluntad, se hizo más intensa y evidente.

— Control, vuelvo a la cabina —informó Morsey al control.

—Mantenemos el canal abierto Señor.

Se levantó, pero no para ir a la cabina, sin embargo se dirigió a inspeccionar la luz.

—¡Señor Phills vaya a la cabina! Pero… —El operario de control vio en la cámara de Phills la luz que brotaba del agujero- ¿Qué es eso? Ingeniero vuelva a la cabina. Enviaremos una escuadra de reconocimiento inmediatamente.

No escuchaba y seguía avanzando. La perforación tenía unos 80 centímetros de diámetro. Al llegar a la altura de la perforación, inclinó su cuerpo para poder establecer contacto visual con el interior del agujero. Entonces, todo sucedió muy rápido, demasiado rápido para entender. Sintió una especie de atracción. Como si su cabeza hubiera entrado en un campo gravitatorio. De repente perdió el contacto con la realidad. Todo era diferente. Los sonidos le llegaban distorsionados, la voz del operario de control “¿Señor Phills?… ¿Me recibe..?” sonaba como si estuviera debajo del agua, acompañado de ecos y zumbidos. Sentía lo que había alrededor, pero no lo podía ver. Percibía solamente sombras y fuentes de luz difusas, intermitentes. Y sobre todo esa sensación de caída libre, como efecto de ese intenso campo gravitatorio. Al cabo de lo que creyó haber sido un minuto, Morsey sintió cesar el campo, y dejo de percibir sonido y luz. Todo era una calma extraña y artificial. No sentía nada, ni siquiera sentía su piel. Ni su respiración. Comenzó a mover los labios para preguntar si había alguien ahí. Pero antes de que articulase una sola sílaba una voz respondió.

—Sí, hay alguien.

Fin de la primera parte de Epiphania

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