Epiphania 3

Epiphania 3

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—Puede que tengas razón. Sin embargo…

—No, no es cuestión de tener razón —Interrumpió la entidad —Lo que te cuento son datos, no son opiniones. Ten en cuenta que somos testigos desde hace miles de millones de años de casi todo lo que sucede en este Universo, mucho antes incluso de que se formara vuestro Sol; no sé si eres capaz de entender eso. Se podría decir que hay realidades absolutas. Y una realidad absoluta es que la mayoría de las civilizaciones se cuidan de que sus individuos no sean sometidos a injusticia; se considera cada individuo parte del todo social. ¿Alguien en su sano juicio se cortaría un dedo? Esa era la esencia de un clan primitivo. Esa es la esencia que perdió la humanidad. Para justificar el egoísmo, la avaricia y la megalomanía, se inventaron todo ese tipo de construcciones sociales bien supervisadas por las religiones como instrumento de esta idea. Y sin duda, después de miles de generaciones, el resultado es tu resistencia a discernir lo que es lógico de lo que parece lógico.

—Concedo la duda, asumiendo que toda esta locura sea cierta, es obvio que tienes una autoridad muy superior a la mía.

Morsey incluso dudó de su capacidad para poder enfrentarse a una discusión. De hecho no lo estaba afrontando como una discusión. No se daban unas condiciones de simetría para poder debatir en igualdad. Era tan disparatada la situación que casi se había olvidado de donde se encontraba. Le estarían buscando, tendrían que llegar rápido. El traje tiene una autonomía de 5 horas. Sin embargo la conversación le estaba estimulando, por lo que continuó diciendo.

—Sigo sin entender cómo todo esto que me dices hizo ralentizar nuestro desarrollo.

—Hay varios motivos, pero principalmente la razón es basar las sociedades en juegos de creencias y supersticiones en lugar de en hechos probados. Parece una tontería, pero los individuos en estas sociedades se acomodan en las respuestas recibidas por dichas creencias. Por decirlo así, es el camino fácil. Aunque implique su falta de libertad. Sin embargo, el conocimiento, la lógica y el análisis son procesos que exigen esfuerzo. Salvo excepciones, la humanidad siempre estuvo sujeta a esta dinámica. Y por otro lado, con demasiada frecuencia, los clanes de las clases poseedoras se sumían en conflictos y guerras, impulsados por su avaricia y falta de metas para evolucionar en sus vidas. Vivían entregados a lujos y placeres fáciles descuidando el desarrollo personal, distando muy poco de sus antepasados animales próximos. Ni que decir tiene que esas guerras retrasaban mucho el desarrollo de la sociedad. Hubo episodios efímeros en que esto se vio atenuado levemente, como la Grecia clásica, la Ilustración o la segunda mitad del siglo XX. Pero fueron rápidamente neutralizadas de nuevo por la oscuridad y la superstición. La última vez esta oscuridad vino sobre la cuarta década del XXI.

—Cierto —Asintió pensativo Morsey —He estudiado bien esa época. El fundador de la Iniciativa se inspiró en esa época para crearla.

—Así es. Nosotros contemplamos con esperanza, que aunque tarde, había llegado finalmente el hecho disruptivo. Ese que podría impedir la deriva autodestructiva hacia la que ibais. Sin embargo…

—¿Qué? —Se adelantó a preguntar, aterrado por la objeción que estaba a punto de escuchar.

—Sin embargo la naturaleza humana volvió a emerger una vez más.

—En eso estás equivocado. La Iniciativa está prosperando aislada del resto de la humanidad con éxito. Pronto la Iniciativa se trasladará a Marte, y en menos de 200 años abandonaremos la Tierra.

—Una vez más, equivocáis las cosas que parecen con lo que son.

—¿En qué me equivoco exactamente?

—Dentro de la Iniciativa se están replicando las mismas emociones dañinas que te nombre antes: avaricia, egoísmo, megalomanía, entre otras. Estás emociones están arraigadas en lo más profundo del cerebro humano. Lo que se conoce erróneamente como el cerebro reptiliano. Estas emociones vienen de antepasados antiquísimos de hábitos individuales, lo que supone una colisión en la construcción íntima del ser humano, al tener que lidiar con una tendencia individualista por un lado, y por el otro una necesidad de apoyarse en una estructura social colectiva. Para que me entiendas mejor; la mayoría de las inteligencias que han existido son de naturaleza colectiva. Sus biologías se basaron en captar la energía del medio, lo que se conoce en ecología como productores primarios. Lo que son por ejemplo los vegetales en la Tierra. Estos organismos sin embargo tienen un problema, y es que no pueden concentrar mucha energía para  generar cerebros como sí hacen los consumidores con mayor eficiencia cuanto más arriba de la cadena trófica se encuentren. Lo que sucedió en otros mundos es que los productores primarios desarrollaron redes neuronales que trascendían al individuo, incluso la especie. De esta manera pudieron crear inteligencias ilimitadas en comparación con las de un individuo consumidor. En la mayoría de estos casos, en estos mundos, estas inteligencias en red ganaron la partida y consolidaron su hegemonía en el planeta.

—Conozco bien esas tendencias de las que me hablas. Por eso se pasa el test de Meza, y esas tendencias quedan neutralizadas.

—Está habiendo irregularidades en el test de Meza. Lo cierto es que es bastante bueno. Cumplir con los protocolos que se marcan sería suficiente. Sin embargo a menudo se alteran para que lo pueda superar un pariente o un amigo. Con el tiempo, estos individuos llegan a puestos de poder y responsabilidad. Con el problema añadido, que llegan en una proporción más alta de la que tienen en la población. Lo cual es bastante lógico, estos individuos no superan el test de Meza, predominan sus fisiologías primitivas, sus emociones les dominan, por lo que no tienen inconvenientes en llevar a cabo acciones amorales para conseguir sus intereses. Acciones aunque leves, muy perjudiciales para la consecución de una sociedad avanzada. Estas malas artes superan ampliamente las capacidades de ascenso de los individuos Meza. Tenéis en la Tierra un efecto llamado Dunning-Kruger. Dicho efecto muestra una correlación alta con el test Meza. Ese sesgo cognitivo dice que los individuos de bajas capacidades generan un sentimiento irreal de superioridad. Este sentimiento viene dado por una incapacidad de reconocer su propia mediocridad. Este efecto tiene su contrario, que es el individuo de altas capacidades que tiende a pensar que lo que es fácil para ellos es fácil para los demás, de esta manera, cualquiera que se muestre externamente confiado, conseguirá hacerles creer esa superioridad ficticia. En definitiva, la alta capacidad intelectual y la honestidad que lleva implícita, desactiva la competitividad de estos individuos frente a los que sufren la ilusión de superioridad.

—Pero los test de Meza se realizan con total garantía.

—Siento ser el portador de malas noticias, pero no están funcionando los protocolos. Pronto los individuos que no superan el test de Meza dominarán la Iniciativa, imponiendo las maneras de la vieja humanidad. La Iniciativa, por lo tanto, reproducirá con el tiempo, todo el catálogo de defectos e injusticias ya conocidas.

—Un momento, antes dijiste que habéis sido testigos del desarrollo de innumerables civilizaciones. ¿Sólo testigos?

Morsey sintió algo similar a una sonrisa en la entidad. Esto le hizo pensar que habrían intervenido no pocas veces. Se armó de valor y preguntó:

—¿Vais a intervenir en la Tierra?

—Lo cierto es que lo hicimos en el pasado. En una ocasión.

—Hubo un momento en el que la humanidad pasó por una especie de embudo. Fue debido a la conjunción de varios desastres naturales que llevó a la humanidad al borde de la extinción. Ocurrió en lo que llamáis el paleolítico medio. Unos pocos cientos de personas quedaron en la zona de África oriental y Próximo oriente. Además de ser pocos individuos, las condiciones en las que quedaron eran precarias. Existía un riesgo serio de extinción. Por aquel entonces el ser humano era una especie de interés. Y por supuesto tuvimos que intervenir.

—¿Me estás diciendo que si no es por vosotros la humanidad no habría salido adelante?

—Sí, es exactamente lo que he dicho.

—Comprende que es un poco increíble todo esto que me cuentas. No sé quién eres. No entiendo nada…

Y  pensó además en dónde estaría el equipo de rescate, hacía mucho rato que estaba allí. Aunque a decir verdad no tenía ni idea de cuánto era ese rato. Había perdido totalmente la capacidad de medir el tiempo. Se encontraba muy desorientado. Estos pensamientos le irritaron un poco, así que continuó hablando Morsey, pero en un tono un poco más elevado:

—¿Quién eres?, o ¿quién sois? ¿Cómo quieres que crea todo esto que me cuentas? Esto es de locos.

—Entendemos tu desesperación. No te podría explicar brevemente quienes somos. Hemos tenido muchos nombres. No necesitamos tampoco que nos creas ya que este encuentro ha sido fortuito, por lo que no hay un motivo por el que estemos interesados en que nos creas.

—¿Fortuito? —Interrumpió Morsey— ¿Qué quieres decir con fortuito?

—Se supone que no debíamos… ¿Cómo decir?.. Interactuar. ¡Eso es! ¡Interactuar!

—No entiendo. —Respondió confuso Morsey.

—Antes te dije que llevamos miles de millones de años extendiéndonos por todas las galaxias. Para que lo entiendas, sería algo así como una red. Dicha red está compuesta por canales de comunicación, nodos y centros. Tú has entrado en contacto con un nodo. Por accidente, naturalmente.

—Y si podéis intervenir, ¿Por qué no lo hicisteis en 2048 cuando se vino todo abajo?

—Creo que antes te sugerí la respuesta. Llegó un momento que se empezaron a establecer sociedades, y posteriormente civilizaciones, injustas, gobernadas básicamente por los peores. En la Grecia clásica se acuñó un concepto que trataba de subvertir esta tendencia, se llamó la areté. Fue un concepto que implicaba la búsqueda de la excelencia, y de ahí surgió la Aristocracia, o poder de los mejores… Aunque esto, también pronto se pervirtió. A liderar llega gente con cualidades inadecuadas, dado que los  que sí las tienen, carecen de otras para llegar al poder; por ejemplo, la falta de interés y ambición por el poder. Por lo tanto queda vía libre a todos esos individuos egoístas capaces de lo que sea para satisfacer sus dañinas y patéticas aspiraciones personales. Causando de esta manera el malestar y dolor de millones de seres humanos. La historia humana está salpicada de estos personajes, la mayoría ensalzados aún hoy como próceres y promotores del progreso y desarrollo humano. En definitiva, sois una especie deficiente y residual. —Y sentenció— No valéis la pena.

Morsey sintió una punzada de terror súbitamente. Todo le comenzaba a parecer siniestro. Y preguntó aterrado.

—¿¡Vais a hacerme daño!?

—Nunca lo haríamos. Pero si hubiera sido nuestra intención hacértelo, ya no podríamos, es demasiado tarde para eso.

Unas voces se oyeron desde algún lugar indeterminado. Y sintió desaparecer la presencia de la entidad.

“Aquí equipo de rescate dos. Hemos localizado el cuerpo en el fondo del tubo de lava. Los dos robots de asistencia también están allí. Iniciamos el descenso. Corto”.

Fin de la segunda parte de Epiphania

Viene de Epiphania 2

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