Ostracon 10

Ostracon 10

Índice Ostracon

Sarah entró en la sala donde estaban Naiara y Arsenio. Ordenó a Naiara que la siguiera y a Arsenio le indicó que se quedara allí.

—Siéntate Naiara —dijo Sarah con el rostro serio y tenso.

—¿Qué sucede? —preguntó Naiara sensiblemente afectada por la situación.

—Tranquila, no es nada…. —dudó unos instantes en la manera de continuar—. Veamos, creo que es el momento de contarte todo.

—¡¿Todo?!, ¿qué quieres decir con “todo”?

—La Iniciativa, la razón de que tú estés aquí, de todo eso.

—No entiendo nada —balbució sorprendida Naiara.

—Tranquila, en seguida comprenderás. Lo primero que quiero que sepas es quiénes somos nosotros. —Tras una pausa continuó— Hace 20 años, como bien sabes, comenzó un deterioro de la economía a nivel mundial. Al principio fue pausado. Surgieron movimientos de personas por todo el mundo que vieron que tenían que salir del sistema para sobrevivir. Por cierto, en tu país ocurrió uno de los primeros y más exitosos. En tu viaje de huida, tú misma te has servido de ellos para llegar hasta aquí. En 2031 la cosa empezó a empeorar con la desintegración de lo poco que quedaba de la Unión Europea. Ya para entonces, poco quedaba de aquellas democracias en las que se miraba el mundo. La mayoría había mutado en oligarquías autoritarias tuteladas por las grandes corporaciones. No quedó más que un racimo de plutocracias con vocación de tiranía.

—El Nuevo Orden —suspiró Naiara.

—Sí Naiara, el Nuevo Orden en España, la Sexta República Popular en Francia, Die Neue Weimarer Republik en Alemania, la unificación de la antigua Commonwealth como nación global UW (United World) y un largo etcétera por toda Europa.

Naiara escuchaba anonadada. Se preguntó hacia donde conduciría todo aquello. Se encontraba en un velero en mitad del Golfo de Vizcaya, acababa de rescatar a su novio de una isla correccional llena de caníbales, para lo cual se había servido de un aparato que flotaba en el aire, sin una fuente propulsora evidente… Realmente sintió miedo por lo que podría escuchar, pero también pensó que qué más podría pasarle. Ella creía que todo lo más extraño ya le había ocurrido. Sarah siguió hablando.

—En esa coyuntura hubo una persona que inició algo que llevaba años urdiendo. No vienen al caso ahora muchos detalles sobre esta persona, pero te diré que obviamente disponía de unos recursos económicos monstruosos necesarios para tal empresa. Puso en marcha la Iniciativa. Se trasladó a Lausana. Allí tenía una gran propiedad en la que con un equipo multidisciplinar diseñaron en el tiempo récord de 2 meses, lo que sería el germen de la Iniciativa. La Iniciativa cuenta con avances tecnológicos que ha desarrollado ella misma, y que obviamente no se han publicado. La Iniciativa pretende romper con el resto de la humanidad. Pero lo más notable, su núcleo principal, no es algo tecnológico, es un test psicométrico: el test Meza. El doctor Karl Meza fue el que lo desarrolló junto con una veintena de científicos. Es el test que acabas de realizar. Este test sirve para determinar las pulsiones primarias, control de emociones, y grado evolutivo de la genética del individuo. El objetivo es seleccionar a personas libres de las emociones que creemos que impiden a la humanidad avanzar, no sólo avanzar, sino llevarla directamente a la extinción.

—Y ese test… —comenzó Naiara a decir. Pero Sarah la interrumpió rápidamente.

—Ahora llegaremos a eso, no te apresures. La cuestión es que pronto se dieron cuenta de que en Europa corrían mucho peligro. Fue cuando se decidió mover el núcleo de la Iniciativa a Kaomi, una isla anodina y olvidada en mitad del océano pacífico. Y allí sigue desde hace doce años, desde 2033. Y es al lugar que precisamente nos dirigimos. Naturalmente, si así lo deseas.

—No sé qué decir. Ese test…

—Ese test lo has pasado con un resultado que nadie había conseguido hasta ahora, Naiara. Por eso queremos que vengas con nosotros.

—Ir… ¿A dónde?

—A Kaomi, por supuesto.

—Pero, ¿Por qué?

—Naiara, eres una persona excepcional. Recuerdas a Lambert, ¿verdad? Él te realizó un test previo indirecto a través del robot que te sirvió en el juicio de Arsenio. Aquello nos hizo saltar las alarmas. Tu puntuación en el test ha sido de noventa y ocho. Y el test se supera con setenta y cinco.

—¿Todo esto que habéis montado ha sido por mí?

—De alguna manera, sí.

—De no haber sido así, ¿habríais dejado morir a Arsenio?

—Eso es sólo una suposición.

—Sí, pero quiero que respondas a mi pregunta —Exigió Naiara.

—Eso no importa Naiara, estamos aquí. No creo que lo que planteas tenga importancia ahora.

Naiara apretó los labios, sabía la respuesta, y no le gustó. Pero también comprendió que, en ese momento de su vida, no tenía alternativa. Aunque lo pareciera no había tal alternativa. En realidad, sólo había un camino. Decidió rendirse y aceptar la realidad, y sobre todo, su posición de debilidad.

—De acuerdo Sarah.

—Queremos que vengas con nosotros, queremos que formes parte de la Iniciativa.

—Sí, vale, me hablas mucho de esa Iniciativa, de cómo surgió y todo eso… Pero Sarah, ¿qué es? ¿qué pinto yo allí?

—No es fácil decirlo en cuatro palabras. Sonará pretencioso, descabellado, incluso demencial. La Iniciativa es una especie de arca de Noe, para salvar la humanidad, más bien para crear una nueva humanidad.

Aquellas palabras descolocaron a Naiara. Todo le sugirió conceptos vinculados con teorías eugenésicas, con jugar a ser dios ¿En serio iba de todo eso? Sarah leyó la cara de Naiara y se adelantó a explicar.

—No es lo que crees Naiara.

—Pues es lo que parece…

—¿De qué hablamos? —dudó Sarah por un momento.

—¿Supremacismo?… —Naiara dejó esa palabra en el aire.

Sarah comenzó a reír y explicó.

—Ya sabía que con cuatro palabras todo esto podría ser mal interpretado. En parte entiendo que te recuerde a todo eso. Pero en realidad no lo es. No se trata de experimentar con nadie, ni hacer sufrir a nadie. Más bien se trata de que no nos hagan sufrir a nosotros. Y con nosotros digo a gente como tú y como yo, gente con sentidos sobre la justicia y las expectativas en la vida alejadas de la vorágine del mundo actual. Hay otra forma de vivir, pero se nos obliga a vivir de una única manera.

—Dicho así suena mejor, pero entenderás que apesta a supremacismo. Subrayas el “nosotros” y el “vosotros” …

—Bueno, de algún modo, sí es supremacista. Pero es que, de manera objetiva, somos mejores. Cuando digo objetivamente, no lo hago a la ligera. Las pruebas las tienes ahí fuera. No queremos que se nos arrastre al abismo. Es supervivencia. Como te dije, no se trata de hacer sufrir, sino de —Sarah buscó la palabra— huir.

¡Bingo! Ahí Sarah dio en la diana. Esa palabra fue exactamente la que le hizo comprender a Naiara. Porque fue esa palabra la que habría definido la vida de Naiara desde que tuvo uso de razón. Su vida había sido una huida…

—Bien Sarah, ¿y qué debo hacer?

—Ahora mismo nada. Simplemente relajarte y saber que estás en buenas manos. El viaje hasta Kaomi es largo. Tenemos doce mil millas por delante. Unos tres meses. En ese tiempo recibirás instrucción. Se te irán asignando tareas.

—¿Por qué un velero? Parece un poco incongruente con toda la tecnología que poseéis. Quiero decir… el Airpod, y todo lo demás.

—Ya te he dicho que el Airpod es experimental. En cuanto a los veleros, hay una parte práctica, y es que, sin reflectores de radar, somos prácticamente indetectables. Y si se diera el caso de ser detectados, un viejo velero no llamaría la atención. Y es vital para la Iniciativa ser invisible al mundo en estos momentos convulsos.

—Hace un momento me has dicho que el límite está en setenta y cinco. ¿Y Arsenio? ¿Qué puntuación ha sacado él?

—Eh…—Sarah dudó unos instantes sobre cómo afrontar el asunto— Arsenio ha sacado cuarenta y seis.

—¡¿Qué?!, y eso, ¿qué significa?

—Significa que Arsenio no es apto.

—¿Me estás diciendo que iré sola? Porque te advierto que eso no ocurrirá de ninguna manera.

—Lo suponía Naiara. Estáis autorizados a ir los dos.

Sarah sabía el riesgo que suponía. Pero lo principal es que viniera Naiara. Y estaba casi hecho. Sin embargo, Naiara se mostraba desconfiada, dubitativa. Sarah no las tenía todas consigo. Aún quedaba contar la historia a Arsenio, y las consecuencias que tendría entre ellos dos o las decisiones que pudieran tomar. La reacción de Naiara había sorprendido a Sarah. Pero claro… todo encajaba, noventa y ocho… Su forma de pensar se le escaba incluso a ella. Su plan de llevársela sólo a ella había fracasado. En realidad, no había habido ninguna posibilidad. Por eso ni siquiera se lo había planteado. Después de unas breves reflexiones Sarah dijo:

—Naiara voy a buscar a Arsenio. Os dejaré solos. Tenéis mucho de qué hablar.

—Una última cosa, me lo estoy preguntando desde que me subísteis al Airpod. Y desde que me has dicho que poseéis una tecnología muy avanzada, todavía me lo pregunto más. ¿Por qué, si tenéis cosas como el Airpod, hice el camino en moto con todos los riesgos que tenía?

—Bueno Naiara, lo primero, no es fácil entrar en la zona aérea del Nuevo Orden. Eso ya es razón suficiente por sí sola. Y, por otro lado, recuerda también que te dijimos que era un prototipo experimental. Habría sido un riesgo muy grande. Una cosa es llevarte un par de kilómetros, pero haberte llevado cientos y por ese terreno, habría sido un suicidio.

—Quiero ver a Arsenio —espetó Naiara.

Cuando trajo Sarah a Arsenio, les dijo que se tomaran el tiempo que quisieran, y que si la necesitaban usaran el tablero para llamarla.

Naiara hizo un relato similar al que le acaba de hacer Sarah. Arsenio no salía de su asombro. Como a Naiara, le afloraron cantidad de sentimientos intensos y contrarios. De un lado sentían agradecimiento por haber salvado sus vidas. Pero por otro lado se encontraban como secuestrados por una situación en la que se les obligaba a decidir lo que otros ya habían decidido por ellos. A Arsenio además se le juntó la amargura de sentirse y ser tratado como un ser inferior. De una casta inferior.

—Naiara, para ellos soy alguien inferior. Y siempre lo seré. No me encuentro bien. No va a funcionar esto.

—Te entiendo cariño, pero, ¿a dónde vamos a ir?

—Que nos dejen en Francia.

—No, yo no quiero volver tampoco. No hay dónde ir —le intentó hacer entrar en razón Naiara.

—Aquí seremos como rehenes, esclavos.

—Tal vez tengas razón. Pero fíjate, mira a tu alrededor. No te puedo ocultar que siento curiosidad. No sé… Todo esto…

—Lo siento, no puedo… —dijo Arsenio.

Llamaron a Sarah. No tardó ni un minuto en llegar. Se le notaba impaciente. Se temía lo peor al ver las caras de Naiara y Arsenio. Antes de que pudiera decir nada, Naiara se adelantó.

—Sarah, no vamos a ir.

—¿Seguro? —les preguntó Sarah con un punto de desaliento.

—Sí, Arsenio y yo hemos decido seguir nuestro camino.

—Espera —Sarah pensó tirar del plan B— se me ocurre otra opción ¿y si os quedáis en unas instalaciones que tenemos en Europa? De esta manera podrías tener tiempo para pensarlo, sin arriesgar vuestras vidas.

—¿De qué se trata? —preguntó Arsenio.

—Tenemos una base en Svalvard, es una instalación científica que se abandonó hace diez años. La Iniciativa la compró con la excusa de mantenerla en funcionamiento. ¿Habéis oído hablar de la Global Seed Vault?

—No —respondieron los dos al tiempo.

—Bueno, es una especie de reserva biológica de especies vegetales. Tenemos un pequeño equipo allí trabajando, en la instalación oficial y pública y la parte secreta nuestra. Vosotros podríais ubicaros allí de momento.

—No suena mal, Arsenio, ¿tú qué dices? —preguntó Naiara.

—Está bien, de acuerdo.

Sarah mandó llamar por radio a Colin. Él los llevaría a Svalvard en el Mintaka. Las horas pasaron esperando el transporte en absoluto silencio. Naiara sentía que no estaba haciendo lo correcto. Conforme pasaban las horas, la idea que le había contado Sarah, había arraigado dentro de ella, hasta el punto de desear con todo su cuerpo formar parte de ese proyecto. Ella misma había fantaseado mil veces con cosas así. Cosas imposibles para su alcance, sin embargo, allí lo tenía delante. Odiaba su mundo. Odiaba lo que dejaba atrás. De repente se sorprendió preguntándose ¿Por qué voy a dejar pasar una oportunidad así?

—Arsenio, yo me voy—dijo Naiara de repente—, tú decides si me voy contigo o sola.

—Naiara, por supuesto que me voy contigo.

Naiara había atado cabos. Todo aquel montaje, los veleros como medio de transporte. Sarah, Erika… No podía estar equivocada. Salió del gabinete y fue a buscar a Sarah. Al llegar al salón se lo encontró otra vez lleno de gente. Como antes, todos vestidos igual que ella. Al fondo estaba Sarah de espaldas hablando con alguien. Se dirigió a grandes zancadas sorteando a aquellos desconocidos y le tocó en el hombro. Al volverse y ver a Naiara, comprendió lo que ésta iba a decir.

—Bienvenida Naiara, estás en tu casa.

—¿Quién son todas estas personas? —preguntó Naiara.

—Toda esta gente son tus compañeros. Reclutados por toda Europa, como tú. Vas a tener tiempo de conocerlos. Vete a buscar a Arsenio y mezclaos con ellos.

—Lo haré.

Sarah subió al puente corriendo.

—¡Yann! ¡Naiara se queda! —Y añadió—. Avisa a Colin. Que siga camino a Svalvard. Nosotros nos vamos a Kaomi.

El capitán Tanguy se dirigió a su ayudante para darle instrucciones.

—Salimos del pairo, preparad la maniobra.

—¿Qué rumbo capitán?

—¡Rumbo dos siete cero!

Fin de la decima parte y fin de Ostracon

Viene de Ostracon 9

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *