Ostracon 7

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—Naiara… Naiara… ¡Despierta!

Colin le agitaba el hombro mientras susurraba su nombre. A Naiara le venció el sueño y bajó a la cabina a dormir acunada por las olas. Estaba rendida. Encontrarse en una atmósfera de seguridad después de horas de tensión fueron el detonante de un profundo sueño. Eran cerca de las tres de la mañana. Por fin Naiara se desperezó. Abrió los ojos para ver a Colin en la tenue luz de la cabina.

—¿Hemos llegado ya? —Le preguntó a Colin.

—Aún no, ya casi. Estamos a menos de una milla, pero no tengo contacto visual. Igual que nosotros, van sin luces de tope.

—¿Qué quieres decir con eso de “igual que nosotros”?

—El punto de encuentro es otro barco. Todos los barcos de la iniciativa van sin luz de tope, ni reflector de radar, ni nada que facilite su visibilidad. Hace diez minutos me han dado su posición. Voy a salir fuera, en seguida lo tenemos que tener a la vista. Cuando estés lista sal conmigo. Me vendrán bien dos ojos más.

Colin salió fuera. Comprobó el piloto automático y el viento. Todo seguía bien. Había virado unos grados a babor, hasta los quince de rumbo. El viento del noroeste, le permitió orzar un poco más. El oleaje seguía suave. Se dirigió a proa para buscar en la negrura una mancha blanca. Su mirada barría la franja delante del barco una y otra vez.

—¡¿Colin?! —gritó Naiara al asomar la cabeza por el tambucho y no ver a Colin en la bañera.

—Estoy en proa. Ven y ayúdame a buscar.

Naiara se acercó agarrándose con precaución a los guardamancebos y candeleros de la banda de babor. No era nada fácil para alguien no habituado a ese entorno. Y mucho más en una noche sin luna, casi a oscuras.

Llegó a donde estaba Colin. Juntos fijaron su vista en la negrura. Al cabo de unos pocos minutos, Naiara señaló justo delante una tenue rayita blanquecina vertical. Colin la vio y confirmó que era su punto de encuentro. Conforme se acercaban, la raya blanquecina se percibía como una vela. Naiara no supo calcular la distancia, pero Colin, como si leyera su mente se adelantó diciendo.

—El Spica está a menos de media milla. Están manteniendo la posición al pairo. En menos de 5 minutos les habremos dado alance. Es posible que ellos también nos hayan visto.

—Parece más grande que éste —Colin se rio y le contestó.

—No parece, es mucho más grande que éste. El Spica es un buque de ciento diez metros de eslora y tres palos. Volvamos a la bañera, voy a pasar a motor para la aproximación.

Colin volvió a realizar la maniobra que Naiara había presenciado antes. Pero esta vez a la inversa. Arrancar el motor, aproar, arriar velas y tomar el control a motor. Unas figuras en la cubierta del Spica comenzaron a gesticular con los brazos hacia nosotros. Colin contestó dibujando un arco sobre su cabeza con su mano.

Comenzó la maniobra de aproximación y preparó las amarras, una a proa y otra a popa. Después sacó lo que a Naiara le parecieron cuatro enormes boyas, y las colgó en las bandas. El Mintaka llegó a la altura de la popa del Spica. Iban navegando en paralelo a unos 5 metros, cuando Colin cortó el gas y metió el timón con suavidad hacia estribor buscando al Spica. Rápidamente tomó la amarra de popa y la lanzó firmemente a un hombre joven en la cubierta del Spica. Éste la atrapó mientras Colin corrió a proa a lanzar la otra amarra a otro hombre. Una vez que los dos hombres tuvieron las dos amarras, tiraron hasta tener los dos barcos abarloados y protegidos por las defensas. Entonces uno de los marineros largó una escala desde el Spica. De detrás de él apareció una mujer en la que no había reparado aún Naiara. Se acercó a la escala y tendió la mano dirigiéndose a Naiara.

—Bienvenida al Spica Naiara, mi nombre es Sarah Abernathy, —Sarah hablaba un perfecto y pausado inglés— coordinadora de la Iniciativa en el buque Spica. Por favor, sube, no tenemos mucho tiempo que perder. Por cierto, a partir de aquí todo el mundo habla en inglés en el barco, sabemos que lo dominas. Espero que no sea un problema.

Sarah era una mujer delgada, elegante, de unos treinta y tantos años. Aunque muy bien podría tener más. Estaba en esa época en la que uno no se sorprendería si dijera cualquier edad entre los treinta y los cincuenta. Su pelo rubio cortado a trasquilones, pretendía parecer descuidado, aunque la realidad es que en ella no parecía nada dejado al azar. Su mirada confería seguridad, lo que provocó en Naiara obedecer su orden sin titubear.

—Encantado Sarah, soy Naiara. Naiara Aguirre —dijo mientras subía por la escala a bordo—. Y no, no será un problema hablar en inglés.

—Buena suerte Naiara —gritó Colin desde abajo mientras le guiñó un ojo.

Los marineros soltaron las amarras y el Mintaka se alejó lentamente. Sarah invitó a Naiara a seguirla hacia el puente.

—Sígueme, quiero que conozcas al capitán. Después iremos al gabinete para estudiar los detalles. Supongo que Lambert te contaría algo. Pero si queremos que la misión sea un éxito hay que preparar todo bien. Tú eres la primera interesada en que esto sea perfecto.

—Desde luego Sarah. Aunque debes entender que esté un poco abrumada. Hasta hace unos pocos días era una desarrolladora de software con una vida normal.

—No te preocupes, por lo que sabemos de ti hasta ahora, creo que te adaptarás bien. Tienes… arrojo y agallas. Y tampoco has demostrado ser falta de intuición e inteligencia. De hecho… bueno, poco a poco, ahora no es el momento. —Cortó Sarah de una manera que dejó intrigada a Naiara justo cuando entraban en el puente.

—Bienvenida Naiara. —Un hombre menudo sentado frente a un gran tablero de mandos, se dirigió a ellas con una sonrisa a medio camino entre la seriedad y lo oficioso.

—Este es el capitán Tanguy, Yann Tanguy —dijo Sarah, haciendo las presentaciones.

—Encantada —dijo Naiara alargando la mano.

El capitán le estrecho la mano con firmeza mirándole a los ojos. Yann era un hombre, como Colin, también curtido en el mar. Nacido y criado en Morbihan, en la Bretaña francesa, llevaba el mar en la sangre. Su aspecto engañaba, un cuerpo menudo escondía a un hombre resistente y de carácter. Un puesto como es el del capitán, en el que la gente te confía su vida, requiere un líder nato como Yann Tanguy.

—Tienes mala cara —dijo el capitán.

—No es lo mío el mar, bastante estoy aguantando. Colin me ha dicho que estaba muy tranquilo. No quiero imaginarme como será si no lo estuviera.

—No pienses en ello, te acostumbrarás. Únicamente piensa en que vamos a rescatar a tu chico. Id al gabinete a prepararlo todo.

Las dos mujeres salieron del puente. Bajaron por unas escaleras a la cubierta principal de nuevo y Sarah le condujo por una puerta a una sala. Era una sala relativamente amplía teniendo en cuenta que estaban en un barco. Había una mesa larga y ovalada con una docena de sillas a su alrededor. La luz era muy tenue, por lo que Naiara tardó en darse cuenta que a la mesa había sentada una mujer. En seguida Sarah se adelantó con la presentación.

—Naiara, ella es Erika Grímsdóttir, jefa de operaciones.

Erika se levantó y le dio la mano a Naiara. Las tres se sentaron a la mesa y Sarah comenzó a hablar.

—Naiara, lo primero es aclarar que entendemos que estés abrumada. Todo esto que estás viendo, sabemos que es extraño, anómalo. Lambert te puso en antecedentes, pero antes de seguir quisiera explicarte algunas cosas. —hizo una pausa para asegurarse que Naiara estaba atendiendo y tranquila— La Iniciativa nació hace unos meses como respuesta a los diferentes regímenes autoritarios que la extinta Unión Europea ha dejado. Como te puedes imaginar, sería imposible abarcar todas las injusticias que se están llevando a cabo. Sin embargo, hacemos lo que podemos. En esta reunión, vamos a poner en tu conocimiento tecnología secreta, que será sorprendente incluso en alguien de tu profesión. Quiero insistir en que entiendas la confianza que estamos depositando en ti. Ahora no lo entiendes bien, pero te estás jugando mucho más que el simple hecho y obvio de salvar a Arsenio. De momento esto es todo lo que queremos que sepas. Si regresas de la misión podrás hacer preguntas. Ahora te dejo con Erika, ella te explicará toda la operación.

—Hola Naiara. —Su voz era suave y presentaba un acento más duro que el de Sarah—. Te voy a mostrar toda la información que tenemos de la isla. Sabemos dónde desembarcaron a Arsenio. Es la zona de menor riesgo de la isla, a pesar de lo cual, el riesgo sigue siendo alto. Por eso no quiero darte esperanzas, la cosa es compleja.

—No hay vuelta atrás. Ya lo sabía cuando vine aquí.

—Bien, buena actitud. La cosa es la siguiente. Vamos a transportarte a un punto de la isla relativamente seguro sin isleños y cercano al desembarco de Arsenio. Una vez en ese punto vas a buscar a Arsenio. Y juntos vais a volver al punto de extracción. Para realizar todo esto vas a contar con un equipo de alta tecnología. De hecho, el transporte lo vas a realizar en un dispositivo experimental, es un prototipo. Lo llamamos Airpod. Ni que decir tiene que eso implica un riesgo. Y más cuando no está pensado para transportar personas, sino carga. Puede llevar hasta 150 kg. Afortunadamente, Arsenio y tú no sois grandes. De este apartado no necesitas saber nada más. Se limitará a dejarte en un lugar, seguirte y recogerte. Lo controlamos nosotros desde aquí.

—De acuerdo. Pero, ¿cómo encontraré a Arsenio?, ¿cómo sé dónde está? Y si me encuentro con isleños ¿qué hago? Esto es demasiado…

—Tranquila, vamos poco a poco a ver todo eso. Arsenio lleva algo, como decirte … dentro de él. El cómo lo hemos hecho llegar a él es irrelevante, pero el caso es que comió algo que llevaba una especie de nanobalizas. Las llevará al menos las próximas 50 horas. —Erika tocó sobre la mesa. Un teclado se iluminó justo donde había rozado con sus dedos. Tras tocar unos controles, emergió de la mesa la isla en tres dimensiones—. ¡Ahí lo tienes! —Erika señaló un punto de color púrpura parpadeando en una colina en un extremo de la isla.

—Tenía entendido que la isla estaba llena de inhibidores de frecuencia.

—Cierto, así es. Pero esta tecnología no funciona así —Erika sonrió al ver el gesto de extrañeza en el rostro de Naiara.

—¿Qué tipo de señal…?

—Olvídate de eso ahora —le cortó Erika—. Cuando llegue el momento ya preguntarás. Sarah te lo acaba de decir; nada de preguntas ahora.

—De acuerdo. Continua, por favor.

—Bien, —Erika continuó mientras ponía sobre la mesa una cajita— esto son unas lentillas de comunicación. Con ellas mantendremos el contacto contigo en todo momento. ¿Te has puesto alguna vez unas?

—Arsenio las usaba, yo me negué a hacerlo. Sin embargo, alguna vez me las he puesto.

—Sabemos que no las usabas, es uno de los motivos por los que estás aquí. Bueno, entonces no te costará ponértelas. Pero estas lentillas no tienen nada que ver con lo que estás acostumbrada, te aviso. Póntelas.

Naiara se las puso con cuidado. Cuando alzó la vista, vio que uno de los paneles de la pared se había iluminado.

—No mires a esa pared —Advirtió Sarah—. Es el monitor de lo que estás viendo tú. Si miras sólo verás infinitos monitores.

—Con esto mantendremos el contacto contigo, como te decíamos —prosiguió Erika—. En cuanto a armas, no llevarás. No sabes usarlas, ¿verdad?

—No —confirmó Naiara.

—Entonces no llevarás, es más peligroso si no las sabes usar. El Airpod va equipado con armas. Si es necesario, será él el que disparará. El Airpod estará siempre a unos metros sobre ti.

—Eso me tranquiliza. ¿Qué más debo saber?

—No mucho más. Desgraciadamente no tenemos tiempo para prepararte bien. Cuanto antes te pongas en camino mejor. Esa isla es… En fin, vamos fuera.

Las tres mujeres se dirigieron a popa. Allí, en una pequeña plataforma había un objeto negro de unos cuatro metros de largo y uno de alto. A primera vista parecía como un sombrero puesto al revés, pero sin orificio para poner la cabeza. En la parte más gruesa, abajo, había una compuerta abierta. Erika indicó a Naiara que se acomodara dentro. Había comenzado a llover muy suavemente. Naiara se volvió para mirar a Sarah, y ésta asintió con la cabeza como diciéndole que confiara. Naiara se agachó y se sentó en aquel receptáculo, claramente diseñado para carga. Por suerte, el trayecto no sería largo, aunque de cualquier modo, la comodidad, no era lo que más le importaba en ese momento.

—Buena suerte, amiga —dijo Sarah.

Aquello le cogió por sorpresa a Naiara. Pensó por qué le habría llamado “amiga”. Erika tomó la Tablet que llevaba en la mano, y la compuerta del Airpod se cerró.

—¿Me escuchas? —la voz de Erika sonó como si viniera de ninguna parte.

—Sí, sí. Perfectamente —contestó Naiara.

—Bien. Voy a conectar la interfaz de tus lentillas. —Tras un pequeño instante, Erika prosiguió—. ¿Puedes ver ahora?

—Sí, veo números, un punto púrpura, y un mallado en azul, naranja y verde, supongo que es el terreno.

—Efectivamente, es el terreno, el mallado azul es el mar, el naranja representa a lo artificial, en este caso, el barco, y lo verde es la tierra. El punto púrpura ya sabes lo que es.

Naiara giró la cabeza para comprobar cómo se movía todo aquello. A pesar de encontrarse a oscuras, aquello ayudaba a no sentirse tan agobiada. Erika siguió hablando.

—Ves también una serie de números. Eres una chica lista, y además aficionada a los videojuegos. Esto no es muy diferente. Salvo que sólo tienes una vida. —Naiara apreció el toque de humor negro con una sonrisa—. La cifra en púrpura es la distancia a Arsenio en metros, y las flechas indican hacia dónde girar la cabeza para encontrarlo si está fuera de tu campo de visión. De los datos es el principal. Además, tendrás visión nocturna. Si tienes alguna duda, sólo tienes que preguntar.

—De acuerdo Sarah —contestó Naiara.

—Dime cuando estés lista, y comenzamos.

—¡Ya! —respondió Naiara inmediatamente.

El artefacto comenzó a emitir un zumbido y luego vibró. Pero a los dos o tres segundos, tanto el zumbido como la vibración desaparecieron. El Airpod se elevó más de veinte metros, por encima de los palos del Spica. Y seguidamente comenzó a acelerar en dirección a la isla.

Fin de la séptima parte

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