Ostracon 9

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Los dos permanecieron abrazados unos minutos en el cubículo de aquel artefacto. Cuando consiguieron recuperarse un poco, Naiara comenzó a relatar todo el viaje que le había llevado hasta allí. Arsenio no salía de su asombro. Todo era sorprendente y rayaba la inverosimilitud. Él por su parte, le contó su horrenda y breve historia en aquella isla infame. Recordó con pena a Pecas. Lo había conocido hacía unas pocas horas. Pero la intensidad de la experiencia vivida juntos, le hizo sentirse muy unido a él. Sin embargo, sintió mucho más pesar al recordar a su hermano.

—Naiara, ¿no puedes manejar este trasto para rescatar a mi hermano?

—No está en mis manos. Ellos son los que decidirán si es posible.

—De cualquier modo, a mi hermano lo desembarcaron en una zona mucho más peligrosa que la nuestra, y mira, nosotros casi no duramos una hora allí.

Bajó la cabeza al comprender que lo más probable es que su hermano ya hubiera muerto a esas horas.

El Airpod comenzó a decelerar y descender. En el monitor se podía ver el Spica. Naiara se lo señaló a Arsenio en la consola. Le tranquilizó y le pidió que asumiera la nueva vida que les esperaba. Fuera cual fuera, era mejor de la que habrían tenido sin la ayuda de la Iniciativa. Tras una sacudida y una vibración, desapareció esa sensación de flotar. En seguida comenzaron a notar el zarandeo pausado propio de una embarcación.

La puerta se abrió y allí estaban Erika y Sarah. Naiara hizo las presentaciones. Sarah les pidió a ambos que les siguiera. Entraron al interior del barco, en la cubierta principal. Sarah bajó por una estrecha escalera. Ambos le siguieron. Sarah se detuvo ante una puerta, la abrió y les indicó que pasaran.

—Esta va a ser vuestra cabina. La puerta del fondo del pasillo es el baño. Tenéis ropa encima de la cama. Dormid, es muy tarde y estaréis agotados. Mañana cuando estéis recuperados hablaremos de vuestra situación.

—De acuerdo —dijo Naiara sorprendida y llena de una repentina curiosidad.

Algo le había dejado caer Sarah sobre “su futuro”. Obviamente, Naiara se había preguntado mil veces cómo sería el futuro que les esperaría. Estaba claro que no podrían pisar su país nunca. Eran fugitivos y si les cogían les aguardaría algo peor que Isla Ostracon. Desde Lambert a Sarah, Naiara había percibido veladamente y en mensajes implícitos, que su futuro dependía de la Iniciativa. Pero, ¿qué era aquello de la Iniciativa? Decidió que, si llevaba varias horas con aquellos pensamientos, bien podría apartarlos unas horas y disfrutar de una ducha relajante y dormir a pierna suelta con su Arsenio. Un Arsenio que acababa de volver a nacer.

La noche pasó rápido, pero no les molestaron hasta bien avanzada la mañana. Sarah se presentó a recogerlos como había programado. Ellos se habían puesto la ropa que les habían proporcionado. Consistía en un traje de dos piezas ajustadas en color gris oscuro. No tenía bolsillos ni costuras. Se adaptaba a su cuerpo y la sensación era como de no llevar nada. En seguida Naiara se dio cuenta que el traje era idéntico al de Sarah. Sólo que el de ésta, era de color azul oscuro y llevaba una plaquita metálica en la parte izquierda del pecho.

—Acompañadme por aquí —ordenó Sarah. Estaréis hambrientos.

Le siguieron por el pasillo hasta llegar a una gran sala de estar lujosamente decorada. Había sillones y mesas en diferentes ambientes como para albergar con comodidad a varias decenas de personas. Atravesaron aquella sala y llegaron a otra un poco más pequeña. Allí había dos mesas largas y una especie de barra al fondo en la que había presentados diferentes alimentos: frutas, leche y cereales, entre otras cosas. Sarah les invitó a tomar lo que quisieran. Llevaban horas sin comer. Así que disfrutaron con calma de su desayuno.

Después del refrigerio Sarah les condujo de nuevo a la sala lujosa, en la cual había ahora varias personas vestidas con las mismas ropas que ellos. La mayoría del mismo gris oscuro, y unos poco de azul oscuro. Entraron por una puerta disimulada tras un plafón de madera, entraron en un ambiente completamente distinto. Todo era metálico y impecablemente limpio. Las puertas daban a pequeños gabinetes. Sarah les indicó que pasaran a uno de ellos. Después de acomodarse alrededor de la mesa, ésta comenzó a hablar.

—Muy bien. Supongo que Naiara te habrá contado algo de nuestra organización. Por el momento tampoco sabréis más. El motivo es que previamente tenemos que llevar a cabo un estudio psicométrico de ambos. Doy por sentado que queréis seguir con esto para adelante. Si no es así, no habría inconveniente en dejarles en algún punto del litoral francés.

Naiara y Arsenio se miraron y asintieron. En realidad, sólo tenían una opción. La disyuntiva no era más que un espejismo. Desembarcar en Francia supondría un suicidio. Todas las naciones del Nuevo Orden mantenían los tratados de extradición. Por lo que más pronto que tarde estarían en el mismo punto.

—Por supuesto, Sarah, continuamos para adelante —respondió Naiara.

—De acuerdo. Arsenio, sígueme por aquí. Tú Naiara, espera, regreso en seguida.

Sarah condujo a Arsenio a un gabinete similar al de Naiara. Allí le explico que realizaría un test. Las instrucciones eran sencillas. Tenía que hacer lo que la mesa electrónica le fuera diciendo. Sarah apoyó su dedo índice en un punto de la mesa y ésta se ilumino, con diferentes áreas. Ella le indicó la parte inmediatamente pegada a Arsenio donde estaban los controles. Arsenio recibió unas breves instrucciones y en seguida se hizo con el control de la mesa.

—El test durará una hora aproximadamente. Volveré a por ti al finalizar. Buena suerte.

Y se marchó cerrando la puerta. Fue con Naiara y repitió el proceso. Le deseó buena suerte igualmente y salió. Yann estaba en el pasillo.

—Hola Sarah. ¿Qué opinas de él?

—No lo sé, Yann. Realmente, no lo sé. No quiero confundir un deseo con la realidad. El deseo es que haga el test bien. Ella ya sabemos que lo hará bien. Pero si él fracasa… Tenemos un problema.

—No digas que no te lo avisé. Corremos un riesgo muy grande.

—Pero Yann, ella lo vale. Recuerda lo que nos dijo Lambert. El estudio preliminar era excepcional. Los de arriba se han tomado muchas molestias para reclutarla. Y digo molestias por no decir riesgos. Todo esto de la isla… ha sido una locura.

—Ya, pero Lambert lo dejó claro, si queríamos contar con ella, había que rescatar a su novio —aclaró Yann.

—¿Sabes qué? Dentro de una hora lo sabremos —y siendo práctica concluyó— de nada nos servirá conjeturar ahora.

Cada uno se alejó por un extremo del pasillo.

La hora transcurrió. Sarah volvió a por ellos y les pidió que esperarán en uno de los gabinetes mientras analizaban los resultados del test. No tardarían mucho. Veinte minutos a lo sumo, les anunció Sarah.

Sin embargo, el tiempo se alargó. O eso les pareció a ellos. En el gabinete de al lado Yann y Sarah mantenían una tensa conversación.

—No es posible Sarah, no debemos saltarnos el protocolo.

—Tengo plenos poderes de la Iniciativa para tomar la decisión. Podríamos llamar a la misma Junta en Kaomi, pero me dirán lo mismo. Naiara tiene que venir. Y más con los resultados que ha sacado en el test. —Y alzando ligeramente la voz le dijo— ¡Yann, hasta ahora nadie había pasado de noventa! Y ella ha obtenido… ¡noventa y ocho!

—Lo sé, pero, en mi opinión el fin no justifica los medios. Pasar por alto algo así puede tener consecuencias.

—Si ella aceptara separarse de Arsenio —susurró Sarah.

—Lo dudo, y más cuando lo que le puedes contar a ella es muy poco por el momento. Con esa información ella no aceptará. Decidirían quedarse los dos en Svalvard. Aunque tal vez, no sería mala opción. Podrían quedarse los dos en la base de Svalvard, y confiar que su relación se deteriorara, hasta el punto de poderla llevar sin problemas.

—No, eso es inaceptable. La quieren en Kaomi ya mismo. Haremos como te dije al principio. Les tentaré para ver si hay la posibilidad de separarlos con una pequeña mentira. A la mínima nos los llevamos a los dos.

—Sarah, por favor. Arsenio no ha llegado a cincuenta. Está claro que no hablamos de un psicópata. Pero está lejos ser un individuo Meza.

—Eres un purista del test Meza, Yann. ¡Quién diría! —esbozó una sonrisa burlona.

—La verdad, que eres tú la que representas a la Iniciativa aquí. A pesar de mi rango, solo puedo aportar consejo. Pero sigo pensando que el test Meza se desarrolló para algo. Todos los que integramos la Iniciativa somos Meza.

—Setenta y cinco, sí, cierto, ese es el límite. Es sólo un número, una convención.

—Claro, setenta y cinco, no los cuarenta y seis de Arsenio… —se rindió Yann.

Sarah salió del gabinete dispuesta a tener “la conversación” con Naiara y Arsenio. La tendría primero en privado con ella. De existir una posibilidad por la que ella abandonara a Arsenio, sería estando a solas. Con Arsenio delante, nunca aceptaría.

Fin de la novena parte

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